En Quito, la capital de Ecuador, todos respiran fútbol antes del Mundial 2002. En la casa de Julián, un niño de 8 años, sus padres no paran de hablar del tema. En la escuela, todos esperan el recreo para patear la pelota, y también después de clases. Cada momento libre gira alrededor del fútbol, con pura diversión y sin preocupaciones.