María García tiene 50 años y es dueña de Dos Estaciones, una fábrica de tequila que ya no es lo que era. Es la última planta mexicana que queda en los altos de Jalisco; las demás las compraron extranjeros. Antes era de las más ricas del pueblo, pero ya no puede con los gastos. Una plaga que no se va y una inundación inesperada le terminan de romper todo. Ahora hace lo que sea para salvar la fuente de trabajo y el orgullo de su gente.