La historia de Vincent Lacroix, un empresario condenado por estafar a miles de inversionistas y robar más de 130 millones de dólares en Quebec, Canadá, a mediados de los 2000. El inspector y auditor Éric Asselin tenía la misión de vigilar a la empresa Norbourg. Pero se obsesionó con la audacia de Lacroix, dejó su puesto y se volvió su mano derecha. Así, Norbourg siguió robando cientos de millones sin que nadie los atrapara. Hasta que la fiesta se acabó y los acorralaron por todos lados.