A Estados Unidos le preocupaba la inestabilidad en la región, con Cuba por un lado y República Dominicana por el otro. Había que hacer algo. Al principio, el teniente García Guerrero se sintió orgulloso de ser asignado como asistente del general Trujillo, hasta que vio con sus propios ojos las atrocidades y locuras del dictador. Le estaban quitando todo lo que amaba: a su novia, a su familia y el amor por su país. Miles de inocentes morían, el país estaba en caos y lleno de miedo. Alguien tenía que dar el paso y actuar ya. El teniente García Guerrero se volvió el infiltrado