A los 91, Costa-Gavras dice que el cine hay que vivirlo como la vida, hasta el final. Augustin Masset, un doctor de un hospital de cuidados paliativos, y el escritor Fabrice Toussaint, que está bien preocupado por su salud, tienen una plática amistosa. Ahí todo es pausado, se escuchan y se apoyan el uno al otro.