Chris Gardner vive en San Francisco y la está pasando muy mal. Es un vendedor que gana poco y no le alcanza para mantener a su hijo de cinco años. Pierden su casa y terminan durmiendo en albergues, estaciones de tren y hasta baños públicos. Luego consigue entrar como pasante en una firma de bolsa, pero sin sueldo. Por seis meses compite contra otros veinte por un solo puesto, mientras él y su hijo sobreviven sin ingresos. Las noches en la calle son duras, pero él no se rinde por su hijo.