Corría los años setenta en Colorado Springs, justo cuando el movimiento por los derechos civiles estaba cambiando todo en Estados Unidos. Ron Stallworth logró algo histórico: se convirtió en el primer oficial negro en la policía local. Sus compañeros y jefes no confiaban en él, dudaban de su capacidad. Pero Stallworth no se achicó. Armó un plan bien atrevido para demostrar su valor: meterse de incógnito en el Ku Klux Klan. La jugada era hablar por teléfono con los líderes del grupo racista, mientras su compañero blanco Flip Zimmerman se hacía pasar por él en persona. Así iban subiendo en