Italia, época del Renacimiento. El Papa Julio II le encarga a Miguel Ángel 40 estatuas para su tumba. Pero el Papa cambia de opinión y le pide que pinte un mural en la Capilla Sixtina. Miguel Ángel duda de su talento para pintar y deja el proyecto. Después, una inspiración divina lo regresa al mural, pero su estilo choca con el carácter exigente del Papa y pone en riesgo la obra.