Francisca cría a su hijo Alejandro como si viviera en una burbuja. No hay problemas si ella puede evitarlos. Gonzalo, por su lado, le da a su hija Camila todo lo que pide al instante. Los dos se topan en un taller para padres y sus hijos tienen que convivir por primera vez sin protección. Alejandro no sabe resolver nada solo. Camila descubre que sus berrinches no funcionan con alguien igual de consentido. La convivencia se vuelve un caos chistoso. Los papás empiezan a ver sus propios errores reflejados en el hijo del otro. Todo se pone más intenso cuando comparten tiempo j