Nina tiene casi 40, es guapa y le va bien: un matrimonio estable, buena relación con su esposo, un hijo chico y un trabajo que le encanta. Todo se descontrola cuando la llama su ex, Ruslan, que está grave y le pide verlo en Tbilisi, quizás por última vez. Su marido no tiene problema, ya sabía de esa relación pasada. Nina va contenta a esa ciudad donde fue feliz, solo para apoyar a alguien que quiso. Cree que ama a su familia y que volverá rápido, sin saber que ese viaje ligero será el último.