En la última década, los gobiernos crearon herramientas de vigilancia que meten mano en celulares y dispositivos, robando datos y mensajes privados. En Latinoamérica, estas tecnologías se usaron para violar la privacidad de la gente y los periodistas, pegándole a la libertad de prensa. El negocio de estos aparatos invasivos crece, y los periodistas son el blanco favorito.