Simón y Adelaida, con sus dos hijos, deciden cambiar su pequeño departamento en París por una casa en el campo. Todo es tranquilo: espacio, jardín, un bosque y vecinos amables. Parecía perfecto, hasta que descubren que el bosque es zona de cacería. Los cazadores son buena onda, pero no sueltan su territorio. La vida de campo se vuelve un infierno, pero estos parisinos no se van a quedar de brazos cruzados.