En Willow Creek todo parece tranquilo, pero hay algo muy turbio. Ethan perdió a su familia y se muda para allá. Pronto descubre que los vecinos no son normales: hacen rituales viejos y raros, adoran a entidades oscuras. Hay desapariciones de noche y símbolos extraños en las puertas. La secta lleva años controlando todo y pide sacrificios humanos. Ethan se da cuenta de que su llegada no fue casualidad, está metido hasta el cuello. Tiene que encontrar la verdad en unos manuscritos antiguos antes del solsticio de invierno. Entre la realidad y la locura, el final lo pone contra la pared: