Leo y Marcos tienen un canal de internet que nadie ve. Para salvarlo, agarran una furgoneta vieja, le meten cámaras ocultas y se lanzan a hacer bromas por todo el país. Todo empieza inocente, pero la cagan feo cuando confunden a un crítico gastronómico con un cocinero de comida rápida. El video se vuelve viral y el desmadre crece. En el camino se topan con artistas callejeros que los meten en un show improvisado. También los confunden con inspectores sanitarios en una gasolinera y terminan en un concurso de karaoke cantando horrible.