En la superficie, la familia de Astrid parece perfecta. Vive en una casa elegante en Los Álamos, casada con Emilio, un abogado penalista famoso. Pero todo es falso. Por 25 años, ella ha aprendido a callarse y a seguir el juego. Su casa es una jaula bonita llena de silencio y control. Eso se rompe cuando sus hijos, Lucas y Valeria, ya adultos, empiezan a hacer preguntas sobre su infancia. Al principio son cosas inocentes, pero después se convierten en una cacería de verdades. Mientras investigan, se dan cuenta de que el silencio de su mamá