Gary y Brooke rompen después de una pelea fuerte en la casa. Ya no soportan vivir juntos, pero tienen que seguir compartiendo el departamento. Se arma una guerra bien loca: él hace sabotajes y ella juega con su mente. Los amigos y la familia se meten y todo se vuelve más complicado. Lo que debería ser una separación simple se convierte en una competencia de quién aguanta más. Cada día es un nuevo reto y, sin querer, terminan viendo cosas de su relación que no esperaban.