Marvyn Korn quedó fuera de la NCAA por aventarle una silla al árbitro. Consigue trabajo en Westbrook, una escuela de puras chicas, y es su única chance de salvar su carrera. Al principio solo ve el empleo como un paso para volver al baloncesto de hombres. Las chicas no le dan importancia al equipo. Pero luego se da cuenta de que necesitan más que mano dura. Termina aprendiendo de ellas, se vuelve más empático y se convierte en el papá que nunca tuvo. Ellas aprenden a exigirse y a encontrar su lugar en la cancha y fuera de ella.