Hikada Sana vuelve a su pueblo después de cinco años viviendo en Tokio. Aunque pasó el tiempo, el pueblo casi no cambió. De camino a su depa, ve que una miko lo mira mientras visita el santuario. Al día siguiente en la escuela, Sana descubre que esa chica es Yatsushiro Nanaka, una amiga de la infancia. Antes de irse, le regaló una pulsera. Y todavía hoy, ella la sigue usando.