Sinopsis
Un ladrón de diamantes quiere colgar los guantes, pero la ciudad no piensa dejarlo ir tan fácil. Mi profesión: Ladrón, estrenada en 1981, retrata ese pulso entre el deseo de una vida común y el peso de un oficio que no admite jubilaciones tranquilas. Frank es un especialista en joyas que aprendió el oficio en la cárcel y ahora trabaja por encargo para quien pague mejor. Lo que busca no es un botín mayor, sino una casa, una familia y la posibilidad de mirar hacia adelante sin mirar atrás. Quien se lo impide es Leo, un jefe del crimen organizado que le ofrece protección y trabajo a cambio de su libertad: primero un golpe, después otro, y así hasta que el favor se convierte en cadena. La tensión crece cuando Frank intenta negociar su salida y descubre que los acuerdos con esa gente no se rompen, solo se pagan. Lo que está en juego es todo lo que Frank construyó después de salir de prisión: su relación con Jessie, la chance de ser alguien distinto y la certeza de que su experiencia no lo condene para siempre. Con el suspenso como motor y un retrato seco de la ciudad, la cinta sigue cada paso de un plan que parece perfecto hasta que deja de serlo. El cerco se cierra y la pregunta queda flotando: ¿se puede abandonar el crimen sin que el crimen cobre su cuota?
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